jueves, 29 de noviembre de 2007

La muñeca de Kafka




Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de veces, Dora, su pareja, lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje", le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?


Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.


Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.


Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. ¡Tres semanas! Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la mueca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, sin no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga. Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca.




Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.


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Paul Auster - Brooklin Follies

domingo, 28 de octubre de 2007

Cuestionándonos

¿Y si la vida no fuera superficialismo?
¿Y si de un día para el otro viéramos más allá de nuestra sombra?
¿Y si dejáramos de culpar a otros por aquello que nos congoja?
¿Y si dejáramos de ser claveques y ser nosotros mismos?
¿Y si sólo recogiéramos esos pequeños momentos que nos hacen felices y nos olvidáramos de los fantasmas del pasado?
¿Y si pudiéramos vivir la vida olvidándonos por un segundo de traumas ilógicos?
¿Y si pudiéramos enfrentarnos a la realidad y darnos cuenta que estamos solos?
¿Y si apesar de todo esto, pudiéramos ser felices?

sábado, 27 de octubre de 2007

La Ruta


Nacer y morir son dos palabras netamente contrarias, sin embargo giran en un mismo eje, encajan en un mismo puzzle. Nacemos para morir, es nuestro principal objetivo, y se nos da un intervalo de tiempo para probar cuanto podemos cosechar...
El juego comienza con el nacimiento, y se trata de una carrera de aprendizajes y obstáculos: tendrás que superar pruebas físicas, mentales y espirituales, que te acercarán cada vez más a la muerte. Todos conseguirán su objetivo que si bien es el mismo, se llega por senderos diferentes, que determinan que habrá después. Muchos irán por el sendero de la ignorancia, que se sitúa a un costado de la ruta. Pasarán su vida siguiendo la "diversión" y dejando que su alma muera sedienta de conocimientos que al llegar al final de la vida, sólo quedará su cuerpo y mente, y quedará descalificado por perder parte de la cosecha. Otros caminarán en una linea paralela y pegada a la ruta. Son aquellos que sólo alimentan su alma y se encierran tanto en ellos que su cuerpo se convierte en el ataúd del alma, y al llegar al final, todo conocimiento quedará atrapado y no tendrá otra oportunidad.Por el camino que atraviesa la ruta, caminarán los que pasan su vida emulando almas y mentes, pero la hipocrecía y la falsedad, los llevará a la perdición por no tener cosecha propia. Los que alcanzan su objetivo con las manos llenas de frutos, son los que caminan dentro de la ruta. El secreto está en pasar su vida saseando la sed del cuerpo, del alma y la mente, y que además, son capaces de compartir su agua, con aquellos que aún no han comprendido este juego... Y para aquellos que van por el sendero equívoco, puedan cambiar su rumbo y lleguen a la muerte con un canasto lleno de conocimientos sólidos y fundamentados...

viernes, 26 de octubre de 2007

Magnetismo


¿Caminan con los ojos vendados o simplemente van cegados por las apariencias?

Atraidos por el magnetismo, corren a través del campo como electrones, y se masifican, se juntan sin cuestión; allí permanecen hasta que la energía acabe y los solicite un nuevo imán. Se pasan la vida corriendo detrás de lo enérgico, de lo usado, corren detrás de lo monótono -no se cuestionan-. Se guían por reglas generales, no ven más allá de sus narices. La burla y la ignorancia son el plato del día. Estos ejemplares se encuentran en todas partes, han invadido y cada vez son más.Para ser parte de ellos basta con entregarse a la moda, carecer de todo tipo de ingenio, cerrar la entrada de información al cerebro, ser manipulable, hipócrita, mediocre, insensible, ser normal, ser felíz...
¿Lo serán?